Mensaje de bienvenida del presidente de México | XVII Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz

Invitados especiales, galardonados con el premio Nobel de la Paz, instituciones que también han sido reconocidas por reconocer y conseguir la paz en el mundo:

Me da mucho gusto estar aquí. Agradezco la invitación del gobernador de Yucatán, Mauricio Vila, que sin duda es el que convoca y nos invita a estar en este extraordinario estado de Yucatán para reflexionar sobre este tema tan importante, el de la paz entre las personas, entre los pueblos, la paz en el mundo.

A los invitados, a los premios Nobel de la Paz, les decimos que los admiramos, los reconocemos mucho.

Imagínense mis sentimientos de estar en la mesa, entre otros nobeles, de Frederik Willem de Klerk, de Sudáfrica. Un demócrata ejemplar por su actitud tolerante, respetuosa, frente al movimiento que encabezó ese gigante de la justicia y defensor de los derechos sociales, Nelson Mandela.

Cuando se lee el libro El difícil camino hacia la libertad, de Mandela, aparece este extraordinario personaje con el que le toca llegar a acuerdos para conseguir la paz en Sudáfrica.

Por eso es muy importante este encuentro, por el significado de la paz y por los protagonistas, por quienes han participado y han hecho posible la pacificación de los pueblos.

Nosotros mantenemos en nuestra Constitución el principio de la solución pacífica ante conflictos y controversias. Es un legado de nuestros héroes, de uno en especial, el presidente más grande, más importante que ha tenido México: Benito Juárez García. Un indígena zapoteco que resumió ese ideal por la paz en una frase célebre, según la cual, entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.

Llegan ustedes a México y están en este extraordinario estado de Yucatán en momentos de cambio, momentos de transformación. Nosotros estamos contentos, estamos alegres, porque hemos iniciado una transformación sin violencia, por la vía pacífica.

Ha habido en la historia de nuestro país tres grandes transformaciones, importantes transformaciones:

La primera fue la Independencia, el movimiento de Independencia nacional, encabezado por dos curas buenos, rebeldes: Miguel Hidalgo y José María Morelos y Pavón. Gracias a los padres de nuestra patria se logró la independencia luego de tres siglos de dominación colonial. Esa fue la primera transformación.

La segunda, la encabezó precisamente el presidente Juárez para separar al Estado de la Iglesia, porque, como se decía entonces y se sigue recordando, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Ese movimiento liberal de Reforma produjo una reacción y nos invadieron, querían de nuevo volvernos colonia, se estableció una monarquía, pero se resistió. Una de las lecciones de Juárez es que era un dirigente perseverante, nunca perdió la fe en la causa que defendía.

Es entonces que nos invadió el ejército más poderoso del mundo. Se resistió y México volvió a ser independiente, se restauró nuestra República.

La tercera transformación fue la Revolución, hace relativamente poco, de 1910, encabezada por un hombre bueno, el presidente con más vocación democrática que hemos tenido: Francisco I. Madero, que fue cobardemente asesinado, por eso se le conoce como ‘el Apóstol de la Democracia’.

La Revolución mexicana fue un movimiento popular en favor de los campesinos, de los obreros, de las clases populares, en contra de una dictadura.

Tres transformaciones han habido en la historia de nuestro país y nosotros ahora estamos llevando a cabo la Cuarta Transformación de la vida pública de México. Lo importante, lo que es como una bendición, es el hecho de que esta transformación se está realizando sin violencia, de manera pacífica, porque las tres transformaciones anteriores -por las circunstancias, porque no lo querían así los dirigentes- se hicieron esas transformaciones con las armas; hubo violencia, sobre todo en la Revolución perdieron la vida más de un millón de mexicanos.

Ahora nosotros tenemos la dicha enorme de poder llevar a cabo una transformación sin violencia, de manera pacífica; pero no por eso es más de lo mismo, es un simple cambio de gobierno o es algo que se queda en la superficie. No es un simple cambio de gobierno, es un cambio de régimen; porque queremos, ya empezamos, a arrancar de raíz de manera radical -viene de eso, radicales, raíz- arrancar de raíz el principal problema de México: la corrupción. Y esto nos va a permitir llevar a cabo la transformación.

Si me piden que yo defina en pocas palabras cuál es el plan que estamos llevando a la práctica, contesto: acabar con la corrupción, desterrar con la corrupción.

Puede pensarse que eso no dice nada. En el caso de México es ir al fondo, a lo profundo, porque nada ha dañado más a México que la deshonestidad de sus gobernantes. Eso es lo que ha dado al traste con todo, esa es la causa principal de la desigualdad social, de la desigualdad económica, de la pobreza, y también por la corrupción se desató la inseguridad y la violencia.

Nosotros además pensamos que hay que acabar con la corrupción, no sólo por razones de índole moral, que ya es bastante, pero además sostenemos que, si se termina con la corrupción, vamos a liberar muchos fondos para el desarrollo y eso es lo que estamos demostrando.

Si no hay corrupción, si no hay lujos en el gobierno, si no hay un gobierno rico con pueblo pobre, si se gobierna con honestidad, con austeridad, no hace falta aumentar impuestos ni crear impuestos nuevos, ni endeudar al país. El presupuesto alcanza para atender las necesidades fundamentales.

Lo que queremos es conseguir a plenitud la paz y no queremos una paz lograda con autoritarismo, con el uso de la fuerza, no queremos una paz de los sepulcros; queremos una paz que se origine con la impartición de la justicia, siempre hemos dicho que la paz es fruto de la justicia.

Nosotros tenemos problemas de inseguridad, de violencia; y se ha querido enfrentar ese flagelo de la violencia con el uso de la fuerza, con cárceles, con amenazas de mano dura, con leyes más severas, inclusive con actos en extremo autoritarios, con razias, con masacres, con exterminio.

Ha quedado demostrado que eso no funciona, que tenemos que atender las causas que originan la violencia. El ser humano no es malo por naturaleza, ese es un pensamiento caduco, anacrónico, conservador. El hombre, la mujer, los seres humanos, son producto de las circunstancias.

Por eso, ahora lo más importante para el gobierno es que haya bienestar y se está atendiendo como nunca a la gente humilde. Se atiende a todos, se escucha a todos, se respeta a todos, pero se le da preferencia a los desposeídos. Por el bien de todos, primero los pobres.

Esto y la atención a los jóvenes que fueron discriminados, lo único que se hizo fue acuñar una frase, llamarles ninis de manera despectiva, que ni estudian ni trabajan, y nunca se había hecho nada por atenderlos.

Ahora se está garantizando a los jóvenes el derecho al estudio y el derecho al trabajo para que no sean tentados y no los enganchen las bandas de delincuentes. Tenemos que jalar a los jóvenes, abrazar a los jóvenes. En eso consiste nuestra política para garantizar la paz y la seguridad.

Todo esto, acompañado también del fortalecimiento de valores culturales, morales, espirituales, porque no sólo de pan vive el hombre. Tenemos que procurar el bienestar material y el bienestar del alma.

Y en esto estamos dando una atención especial al fortalecimiento del núcleo familiar. La familia es la institución de seguridad social más importante de nuestro país, la familia mexicana, que es fraterna, solidaria.

A diferencia de otros países, y lo digo con todo respeto, donde por costumbre los jóvenes se tienen que ir del hogar, en México no queremos que se vayan nunca, por eso hasta abusan y se quedan más de la cuenta nuestros hijos. Eso es parte de una característica de la familia mexicana. Le va mal a un miembro de la familia, acuden en su apoyo otros. Por eso tenemos que procurar que no se desintegren las familias.

Yo vengo de un movimiento de izquierda progresista y se cometía el error de atender lo comunitario, lo colectivo y se le dejaba el asunto de la familia -lo digo también de manera respetuosa- al conservadurismo. Nosotros tenemos que pensar que la familia es fundamental.

Si tenemos problemas de inseguridad, de violencia, fue también porque se desintegraron con la crisis muchas familias.

Fíjense la paradoja, se abandonó al pueblo, aplicaron la llamada política neoliberal y se abandonó al campo, muchos mexicanos tuvieron que emigrar, se fueron a Estados Unidos. Allá están entre nacidos en México y nacidos en Estados Unidos, pero de padres mexicanos, 36 millones de mexicanos.

Y ahora esos paisanos nuestros, migrantes, envían, este año se estima que van a mandar a sus familiares 35 mil millones de dólares, es el monto de remesas más grande y es la fuente de ingresos más importante de nuestro país. Son héroes nuestros migrantes.

Pero ya no queremos eso. Claro que es extraordinario, es un acto de heroísmo sublime el que se fueron a buscarse la vida a Estados Unidos y ahora están contribuyendo al desarrollo de México, pero ese no es el destino que queremos para las nuevas generaciones de México.

Queremos que el mexicano pueda trabajar, pueda ser feliz donde nació, donde están sus familiares, donde están sus costumbres, donde están sus culturas. Ese es el sueño que queremos convertir en realidad. Y todo esto lo vamos a lograr, estoy optimista porque se está contando con el apoyo de los ciudadanos.

Desde luego que tenemos diferencias, hay discrepancias porque estamos construyendo una auténtica democracia, no queremos establecer una dictadura; y en la democracia hay discrepancias, en la dictadura hay pensamiento único, pero estamos logrando unirnos en lo fundamental, en sacar adelante a nuestro querido pueblo de México y a nuestra nación.

Por eso me da mucho gusto estar aquí esta noche, en Yucatán, con invitados tan importantes, todos los premios Nobel, las mujeres, los hombres, las instituciones.

Y de nuevo agradecerle mucho la invitación al gobernador de Yucatán, Mauricio Vila, extraordinario gobernante de un gran pueblo, este pueblo de Yucatán, lleno de historia, lleno de cultura.

Me da mucho gusto compartir con ustedes estos momentos.

Están en Yucatán, que es -se los ha dicho el gobernador- la casa de ustedes. Y por lo que a mí corresponde, les digo con todo cariño, de manera entrañable, que están en México, que es el país de todas, de todos ustedes, el país que busca la fraternidad universal y que busca la paz en el mundo.

Muchas gracias y buenas noches.

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